Los alimentos congelados, a diferencia de los frescos, mantienen el mismo sabor, textura y apariencia desde su cosecha.
Tras el proceso de congelación, los alimentos mantienen sus condiciones de sabor, textura y apariencia.
Pero para disfrutar de su sabor natural, es necesario mantener la cadena de frío del producto desde que se compra hasta que se consume.